| HUELGA O MANIFESTACIÓN POLÍTICA
El derecho de huelga y de movilización política son
manifestaciones democráticas reconocidas y protegidas local
y universalmente. El ejercicio de una y otra, sin embargo, no puede
entenderse como equivalentes en tanto el reclamo laboral no es un
instrumento político que pueda cuestionar la autoridad de
un gobierno democráticamente electo.
Por lo demás, así como una huelga no se orienta
a destruir el centro de trabajo, tampoco puede orientarse a arriesgar
explícitamente la estabilidad macroeconómica que tanto
ha costado obtener a todos los ciudadanos. Y si el derecho de huelga
es ejercido de acuerdo a ley, menos aún puede tener como
objetivo el cambio de la autoridad gubernamental o de la política
general aplicada de acuerdo al mandato de las urnas. El objetivo
de una huelga es el reclamo de demandas laborales razonables, no
de utopías políticas en un contexto regional caracterizado
por muy débiles fundamentos de gobernabilidad.
Si una huelga se autodefine como principalmente política,
entonces ésta corresponde al ámbito de una campaña
electoral. Y la participación militante en ese proceso en
sociedades con vocación democrática se realiza mediante
la propuesta de agendas con las que el electorado concordará
o no. Si una política económica funcional al sistema
(o a la mal llamada "globalización") no genera
crecimiento suficiente en un contexto internacional favorable, puede
ser equivocada o ineficaz. Es más si, en países pobres,
esa política no logra ni capitalización ni distribución
suficientes, puede ser irracional. Y si, además, concentra
la riqueza y no alivia la pobreza en concordancia con los patrones
de acumulación externos, pues su conveniencia nacional debe
ser revisada.
Pero ese proceso debe llevarse a cabo cuidando los equilibrios
logrados, el incipiente desarrollo de mercados alcanzado y los niveles
de inserción externa comprometidos. Si lo importante es el
empleo y los salarios, lo razonable en este capítulo es plantear
soluciones a los bajos niveles de inversión teniendo en cuenta
la continua caída de la inversión extranjera en América
Latina que hoy no supera los US$ 50 mil millones cuando en 1999
el flujo duplicaba en exceso esa cifra. Lo sensato aquí es
indagar por qué el crecimiento de las exportaciones no va
acompañado de un adecuado incremento del flujo de capitales.
Y en el ámbito interno, lo razonable es plantear soluciones
al problema que genera la amplia brecha existente entre el ahorro
nacional y el escaso crédito privado aún cuando el
nivel de ahorro es bajo. Esto es todavía más importante
cuando la fuerte limitación a la inversión pública
es correspondiente a un escaso (y concentrado) nivel de recaudación
que no llega al 14%. Desde el punto de vista de los gremios laborales,
los planteamientos de solución a estas interrogantes es lo
responsable en una campaña electoral.
Pero si no se está en ese proceso, los gremios deben solicitar
políticas sectoriales que respondan a sus reivindicaciones
específicas. Plantear, en cambio, la sustitución del
"modelo" a través de la presión, no ayuda
a mejorar el estándar de vida de nadie (ni el de los más
privilegiados que exportarán su dinero en caso de convulsión)
mientras que tiende a desembalsar fuerzas que más bien puede
contraerlo (y hasta a generar niveles de desorden que debiéramos
evitar, a la luz del ejemplo de nuestros vecinos).
De allí que sea aún más cuestionable la disposición
a proponer un cambio de gobierno. Este objetivo tiene poco que ver
con la reivindicación gremial y demasiada vinculación
con motivaciones antidemocráticas. Si nuestro sistema político
está lejos de las expectativas que se pusieron en él
luego de la expulsión del régimen autoritario, éste
tiene ciertas reglas básicas que no pueden incumplirse sin
arriesgar su fundamento. Entre ellas está el respeto de los
plazos que los electores decidieron conceder a los candidatos de
su preferencia. Si el actual gobierno fue limpiamente electo, debe
culminar su mandato el 2006 sin que la dinámica de una huelga
laboral empuje una manifestación política con propósitos
distintos.
El Editor (ADC) |