| IRAK Y LA RESPONSABILIAD DE LA ONU
A pesar de la estridencia de la guerra, el proceso de estabilización
y reconstrucción política de Irak sigue en marcha
por decisión de la comunidad internacional. Cualquiera que
sea el juicio sobre los hechos en el terreno, la garantía
de continuidad de ese proceso fue comprometida por la ONU desde
octubre del 2003 (Res. 1511 del Consejo de Seguridad). Ésta
acaba de ser confirmada por la Resolución 1546, adoptada
por unanimidad, que establece el “fin de la ocupación”
para el 30 de junio cuando el nuevo gobierno provisional iraquí,
que ya ha sido legitimado, tome posesión con atributos peculiarmente
soberanos.
Ese gobierno, cuyo presidente y primer ministro han sido designados
con participación del Representante Especial del señor
Kofi Annan, encarna nominalmente el derecho de los iraquíes
a elegir su propio destino, a controlar sus recursos naturales y
a ejercer el control sobre las fuerzas de seguridad. Lo primero
se debe materializar en las elecciones de una Asamblea Constituyente
entre diciembre del 2004 y enero del 2005, proceso que debe culminar
con un gobierno electo en diciembre de ese año. Para ello
contará con el apoyo de una Misión de Asistencia de
la ONU. Lo segundo se deriva del control iraquí de los fondos
derivados del ingreso petrolero (proceso que será supervigilado
por una junta asesora).Y lo tercero se realizará mediante
el reconocimiento del derecho y la capacidad de la autoridad iraquí
para reconstruir sus fuerzas de seguridad, para convocar a la fuerza
multinacional y coordinar con ella el esfuerzo de estabilización
hasta que finalice el proceso político. En el trayecto el
gobierno iraquí podrá solicitar el retiro de la fuerza.
En relación a este punto, el entendimiento actual consiste
en que esa potestad no será ejercida, como sí lo será
la coordinación de las operaciones de la fuerza multinacional,
aun las más sensibles. Para asegurar la soberanía
iraquí, la Resolución 1546 incorpora las cartas intercambiadas
entre la autoridad norteamericana (Powell) e iraquí (Allawi),
mediante las que se establece una “asociación de seguridad”
entre el gobierno iraquí y la fuerza multinacional presente
en el terreno a solicitud del gobierno iraquí. Esta fuerza
continúa bajo mando norteamericano y queda expresamente encargada
de tomar todas las medidas necesarias para lograr la estabilidad
y seguridad en Irak.
Aunque el ejercicio efectivo de la soberanía iraquí
quede condicionada por la realidad en el terreno, su reconocimiento
constituye un gran logro estabilizador. A partir del 30 de junio
Irak volverá a ser un actor legítimo y reconocible
en el sistema internacional. Y el proceso de reconstrucción
de ese Estado bajo parámetros democráticos dinamizará
la influencia reformista en la zona. Sin embargo, esa tendencia
seguirá siendo fuertemente contestada por las facciones radicales
iraquíes y quizás por los regímenes autoritarios
predominantes en la región.
De esa realidad se concluye que la necesidad de apoyo militar
para Irak y la fuerza multinacional seguirá siendo una prioridad.
Lo interesante es que su requerimiento ya no proviene de la fuerza
más comprometida en la zona (Estados Unidos) sino del propio
Consejo de Seguridad de la ONU. En efecto, la resolución
1546 hace un explícito llamado a los Estados miembros y a
los organismos regionales para que cooperen en esa tarea. La primera
aludida ha sido la OTAN que a fines de este mes debe decidir si
presta su concurso institucional (el que quizás no podría
se negado si Irak lo solicita) o si sólo los 16 de sus 26
miembros se mantienen a título individual. Las rivalidades
europeas deben ser depuestas a este respecto.
Y en tanto el llamado es genérico, los miembros del sistema
interamericano no quedan excluidos de responsabilidad sólo
condicionada por sus posibilidades. Aquellos que no tengan la capacidad
de llegar hasta el escenario iraquí, ciertamente pueden contribuir
al fortalecimiento de la seguridad colectiva global. Ésta
debe proyectarse en escenarios donde el requerimiento de reconstrucción
de un Estado sea una necesidad vital para la comunidad internacional.
Éste es el caso de Haití donde el Perú ha comprometido
responsabilidad. Éstas no pueden frustrarse por insensibilidad
financiera.
Si el fortalecimiento del sistema de seguridad colectiva pasa
hoy por la reconstrucción de Irak antes que por el debate
sobre un casus belli inconsistente, ésta debe ser atendida.
Especialmente en un escenario que no debe convertirse en fuente
de desestabilización global.
El Editor (ADC) |