| CORRUPCIÓN PUBLICA Y PRIVADA
Justo cuando la XXXIV Asamblea General de la OEA que se lleva a
cabo en Quito concentra su atención en los problemas de corrupción
hemisféricos, la magnitud de esa amenaza en el Perú
adquiere nuevamente proporciones que atentan contra la seguridad
nacional.
Así lo demuestran la imputación de vinculación
con el narcotráfico hecha por el gobierno norteamericano
contra uno de los cofundadores de la principal línea aérea
nacional y los turbiedad de los negocios privados de un ministro
de Agricultura encargado de la negociación con los “cocaleros”.
El alto grado de vulnerabilidad nacional derivada de la perversión
de la relación entre el interés publico y el privado
está a la vista.
La interacción entre estos dos tipos de intereses ha sido
históricamente compleja en todas partes. El sentido común
en nuestro país sostuvo, hasta la revolución neoliberal,
que el interés público prima sobre el privado. Durante
la década pasada el neoliberalismo invirtió los términos
de esa relación por razones ideológicas. La idea de
la prevalencia del interés privado –que sostiene que
si todos los ciudadanos persiguen su propio interés, el resultado
será el fortalecimiento del bien común- pudo generar
una cultura capitalista basada en la denominada “ética
protestante”. Pero la experiencia se pudrió porque
la práctica de la idea neoliberal fue orientada por un gobierno
extraordinariamente corrupto. Como resultado no obtuvimos el bien
común sino la desaparición de la frontera que distingue
el interés publico del privado.
En este contexto el cofundador de la referida línea aérea
fue cuestionado por vinculaciones con el narcotráfico que
no fueron definitivamente aclaradas. El punto no debiera pasar de
la relación entre el cofundador y el Poder Judicial si no
fuera porque esa compañía tiene una dimensión
estratégica que complica la dimensión de seguridad,
económica y diplomática del Estado.
En efecto, aunque la empresa no sea una línea de bandera
es notorio que constituye la mayor aerolínea peruana. Su
dimensión, a nuestra escala, compromete la seguridad en tiempos
de paz –expresada en la aspiración nacional al buen
manejo de las rutas y comunicaciones aéreas- y en tiempos
de conflicto, -en cuyo caso, la aerolínea debe ponerse al
servicio del interés nacional-. Por ello, su conducción
debe ser impecable. En lugar de ello, éstas es permanentemente
cuestionada.
Y en términos económicos, la imputación norteamericana
no sólo impide el acceso de la aerolínea a ese mercado,
sino que pone en riesgo su normal desempeño interno. Si el
turismo es uno de los rubros de mayor aliento en el Perú,
éste entre otros, está siendo complicado por el cuestionamiento
al cofundador de la empresa y algunos vinculados. En términos
diplomáticos, de otro lado, esta situación restringe
seriamente el margen de acción del Estado para proteger a
sus nacionales en el exterior. Mientras el tema no se aclare, la
Cancillería tendrá serios problemas para llevar a
cabo su acción protectora. Todo ello porque el interés
privado no ha cumplido con los requisitos de comportamiento correspondientes
a una principalísima presencia en el mercado.
Para que el Perú no se vea más dañado, las
personalidades cuestionades deben meditar sobre la prioridad del
interés público sobre el privado.
Esa prioridad de intereses tampoco ha sido adecuadamente respetada
por el gobierno al no indagar seriamente por las actividades de
sus ministros. La omisión es aquí doblemente grave
en tanto el ministro en cuestión fue encargado de la negociación
con los “cocaleros”. Su status, por tanto, debió
ser impecable. Y éste ha sido seriamente complicado por actividades
privadas quizás legales, pero reñidas con la función
pública. Su renuncia frente al escándalo sólo
pone de manifiesto la extraordinaria inconciencia de la frontera
que separa el interés publico del privado en muchos de los
aspirantes a cargos del Estado.
No es extraño que el denominador común en ambos
casos sea el contacto oficial o no con el narcotráfico. El
grado de convivencia que mantienen muchos peruanos -desde algunos
dirigentes “cocaleros” hasta encumbrados gestores financieros-
con esa amenaza a la seguridad nacional está en la base del
problema. El Perú debe luchar contra todos los extremos de
esta amenaza como parte del proceso de restablecimientos de una
sana vinculación entre el interés público y
el privado que, siendo compleja, es fundamental para la vigencia
de un Estado con autoridad y de una sociedad libre.
El Editor (ADC) |