| La confianza cuesta
Las medidas de fomento de confianza son instrumentos de seguridad
orientados a generar condiciones básicas de certidumbre en
el trato entre Estados de insuficiente o inadecuada interdependencia
e historia contenciosa. Aunque, como factor de cohesión,
la confianza es esencial en toda organización humana, quizás
sea el ámbito de seguridad donde más explícitamente
se ejerce a través de políticas específicas.
Éste es el caso de la relación del Perú con
Ecuador y Chile y de nuestra vinculación hemisférica.
Entre muchas otras medidas, el Perú ha promovido especialmente
dos con estos vecinos: la estandarización de la metodología
de medición del gasto militar y políticas de desminado.
En el primer caso, la referencia ha sido el modelo argentino-chileno
luego que ambos países resolvieran la totalidad de sus diferendos
territoriales mientras que su ingeniería ha sido encargada
a la CEPAL. En el segundo, Chile, Ecuador y el Perú han emprendido
una campaña de desminado en sus fronteras quizás a
la luz de la experiencia centroamericana y del tratado de Ottawa
contra las minas antipersonales.
En la relación peruano-ecuatoriana, estas tareas han sido
organizadas en el ámbito de la Comisión Binacional
Peruano-Ecuatoriana sobre Medidas de Confianza Mutua y Seguridad
creada a la luz del acuerdo global de paz bilateral de octubre de
1998. Aunque las tareas de desminado en nuestra frontera norte son
extremadamente caras, muy peligrosas y realizables a plenitud sólo
en el largo plazo, ya se han logrado avances importantes al margen
de la discusión de las responsabilidades del caso. El más
significativo de ellos es el de la inminente entrega a las poblaciones
locales de zonas libres de minas antipersonales en el departamento
de Tumbes y la provincia de El Oro (en Ecuador) precedida de un
trabajo conjunto de desminado humanitario en las zonas de Los Limos
y Pueblo Nuevo. Esa tarea conjunta proseguirá en la Cordillera
del Cóndor.
En el ámbito hemisférico, el Perú ha deseado
plantear, como medidas de confianza, políticas de limitación
de gastos militares que ya ha amparado en proyectos de resoluciones
de la OEA. En apariencia la Cancillería volverá sobre
este tema en la reunión de la Asamblea General de ese organismo
a realizarse en Ecuador en los próximos días. Si bien
la intención es loable, la normativa que se promueva al respecto
debe condicionar la limitación del gasto al logro de un equilibrio
estratégico razonable entre los Estados que lo requieran.
Ello no implica equivalencia o exacta paridad sino adecuada proporcionalidad
lo que producirá confianza efectiva en la región como
distinta de la meramente declarativa. Tal acción, debe ser
precedida, a su vez, de la conclusión de los trabajos de
la CEPAL sobre homologación de metodologías de medición
que ya ha tenido suficiente tiempo de maduración.
Al respecto es necesario considerar además que, si bien
en nuestro medio los conflictos convencionales han tendido hacia
su solución y las perspectivas de que los remanentes se activen
son escasas, su realidad como amenaza se mantiene. Por ejemplo,
el diferendo boliviano-chileno ya está motivando algunas
compras menores de material y el colombo-venezolano ha suscitado
adquisiciones proporcionalmente mayores. En ambos casos los catalizadores
son conflictos no convencionales suscitados por problemas internos
envueltos en la dimensión global del narcotráfico
y el terrorismo (el caso colombo-venezolano) o de ausencia de gobernabilidad
traducida en protesta "cocalera", "étnica"
o de aprovechamiento de recursos (el caso boliviano).
Aunque la amenaza no convencional sea la preocupación central
en nuestro hemisferio, el equilibrio estratégico en la región
sigue siendo un factor de disuasión en tanto contribuye a
que la amenaza no convencional no escale la amenaza convencional
(especialmente cuando esta última está signada por
percepciones de predominio de algún Estado en una determinada
área). En esa perspectiva, la búsqueda del equilibrio
estratégico contribuye a la generación de confianza.
Como también contribuye a la cooperación, por ejemplo,
en operaciones conjuntas de mantenimiento de la paz. La oportunidad
para ello se presenta hoy en Haití donde una fuerza brasileña
de 1,200 hombres comandará, por encargo de la ONU, las fuerzas
de estabilización en ese país. El conjunto del Cono
Sur está contribuyendo con tropas y Ecuador con helicópteros.
Sin embargo el Perú, que ha comprometido, según los
medios, entre 150 y 200 hombres para estas operaciones, tiene, en
apariencia, problemas de financiamiento para el despliegue correspondiente
a pesar de que la ONU retribuirá lo que se gaste. La ausencia
de equilibrio estratégico expresado en ausencia de financiamiento
para una misión de paz tiende en este caso a generar incertidumbre
y, por tanto, desconfianza en los participantes.
Como se ve, tanto en la relación con los vecinos como en
el ámbito hemisférico, la confianza en el ámbito
de la seguridad cuesta. Sufragarla será siempre mejor que
perderla.
El Editor (ADC) |