| CUMBRE EUROLATINOAMERICANA
En tiempos de “globalización” la rutina de
las reuniones “cumbre” ciertamente desdramatiza el encuentro
entre Jefes de Estado. ¿Puede implicar ello vulgarización
cuando se trata del encuentro de casi un tercio de los mandatarios
del mundo y de una “asociación estratégica”
transatlántica que desea consolidar a Occidente, recuperar
gobernabilidad en América Latina y potenciar la política
exterior de la Unión Europea de los 25 cuando ésta
prioriza el proceso de expansión interna?
Sí, si estas reuniones, originadas en 1999, son ganadas
por dinámicas meramente burocráticas o si se racionalizan
sólo como el intento de equilibrar el poder hegemónico
de los Estados Unidos (que es parte de la verdad). No, si la “cumbre”
resulta en pasos prácticos para generar gobernabilidad externa
(por ejemplo, procurando la reforma del sistema multilateral) e
interna (donde las democracias, como en nuestro caso, no pueden
seguir el ritmo de las economías de mercado ni éstas
son capaces de articular a las sociedades donde se instalan).
La cumbre eurolatinoamericana de Guadalajara ha expresado su preocupación
por el tema multilateral, pero sólo en el replantamiento
de una trunca iniciativa de la década de los 90 que no ha
podido, hasta ahora, ni con la reforma del Consejo de Seguridad
de la ONU ni mucho menos con la del sistema financiero multilateral.
Hasta la fecha, no hay cronogramas ni ideas que vayan más
allá de intentonas transnacionales sobre “gobernabilidad
global” ni concentración específica en específicos
regímenes internacionales. Por lo demás, el requerimiento
del multilateralismo no parece bien encaminado si éste se
plantea como un objetivo antes que como un instrumento que potencia
también la diplomacia bilateral en tanto los Estados-nacionales
siguen siendo una referencia principalísima de las relaciones
internacionales.
En cuanto a la gobernabilidad interna, la iniciativa ha correspondido
a la Unión Europea. La propuesta de instrumentos financieros
que sirvan a la “cohesión social” en la región
es un planteamiento práctico de apoyo a los llamados contra
la exclusión y la pobreza. La propuesta europea, bienvenida
como es, se basa sin embargo en la asistencia (cooperación
para mejorar las instituciones de educación, salud, jurisdiccionales,
etc) y es insuficiente. Distante como está de los fondos
de cohesión social europeos que viabilizan la expansión
europea en las regiones más atrasadas, debió ser el
complemento de iniciativas como la del uso de parte de la deuda
para inversión en infraestructura como lo ha propuesto el
Grupo de Río.
En el ámbito de la integración, la “cumbre”
anuncia que el MERCOSUR se beneficiará de la conclusión,
quizás en octubre próximo, de un acuerdo de libre
comercio con la Unión Europea. Desde que, en 1995, ambas
entidades pactaron un acuerdo marco de cooperación y en 1999
acordaron un régimen de asociación, las partes han
venido negociando los términos de un TLC. Ello es razonable
si para la UE, el MERCOSUR es la “clave” de la integración
en la región. Pero deja de serlo si esa prioridad postegra
las aspiraciones de América Central y de la Comunidad Andina
hasta que el proceso de integración no se perfeccione (en
el caso andino) y no se inicie la ronda Doha.
La actitud de la UE, si no se pasa rápidamente a un acuerdo
de asociación, parece dicriminatoria teniendo en cuenta que
mantiene una antiquísima vinculación institucional
con la CAN (30 años), mantiene desde 1995 un diálogo
especial sobre narcotráfico complementado por la concesión
del SGP drogas (que vence el 2005 y que ha sido autorizado por un
panel de la OMC siempre que se aplique “objetivamente”)
y desde 1983 sostiene un acuerdo marco de cooperación que
ha evolucionado al diálogo político. Y si la UE es
para la CAN el segundo socio comercial y la primera fuente de inversión
de manera similar que para el resto de América Latina, el
tema de las asimetrías no puede ser un pretexto (la relación
del per capita de la UE con el MEROCOSUR –4 a 1- es, en el
agregado, sólo algo menos abrumador que el 10 a 1 en relación
a la CAN). Por lo demás, la UE ya suscribió TLCs con
México y Chile y la particiapción de la CAN en la
ronda Doha no va a influir extraordinariamente en el desempeño
del mutlilateralismo comercial.
He aquí, sin embargo, temas específicos de discusión
con la Unión Europea que, además de temas de seguridad
como el narcotráfico y el terrorismo, tienden a generar,
en el marco de valores compartidos, masa crítica para una
relación transatlántica en formación. La rutina
de las “cumbres” la enriquecerá.
El Editor (ADC) |