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ECONOMIA
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¿Horizonte tormentoso?
Según el MEF el Perú debe crecer este año
4%, un 4.5% el 2005 y 5% el 2006. La proyección regional
anticipada por la CEPAL (3.5%) para el 2004 avala esta proyección
optimista en un contexto de crecimiento global. En él Estados
Unidos es una locomotora a la que se suman Japón (que empieza
a despegar), China (9%) y la Unión Europea (en la medida
en que pueda desperezar su mercado interno). Pero, entre muchos
inconvenientes, este ciclo expansivo presenta uno particularmente
tormentoso: el déficit norteamericano del año fiscal
2005 de US$ 521 mil millones financiado principalmente con deuda
externa.
Este agujero negro en un presupuesto de US$ 2.4 millones de millones
forma parte de una máquina de crecimiento cuyo engranaje
central, desde el punto de vista del gasto, es el incremento del
gasto militar (7%) y de seguridad interna (9.2%). Y eso sin contar
los US$ 50 mil millones que serán solicitados al Congreso
el 2005 para financiar las campañas de Afganistán
e Irak. El incremento del gasto no militar, según el New
York Times, es sólo 0.5%.
La zanahoria en este presupuesto récord es la promesa republicana
de reducir el 50% del déficit en 5 años consolidando
el crecimiento basado en el incremento de la inversión, de
la productividad, de un lado, y del otro, recortes de impuestos
(que beneficia a los más pudientes), de subsidios (que no
se realizará en un año electoral) y de programas sociales
(salvaguardando, por ejemplo, el sector educación). Por lo
demás, los supuestos presupuestales no incluyen, por ejemplo,
el incremento masivo de cargas previsionales en los próximos
años derivadas del envejecimiento poblacional lo que podría
multiplicar el déficit que la Oficina Presupuestal del Congreso
proyecta, si no se hace nada, en 1.9 millones de millones de dólares
hacia final de la década.
El FMI ya ha llamado severamente la atención al gobierno
norteamericano considerando este problema como uno que puede desestabilizar
la economía mundial en tanto el 40% de esa economía
estaría comprometida con la deuda externa necesaria para
financiar el forado a falta de ahorro interno derivado de la alta
propensión al consumo que los bajos intereses (1%) promueven.
Si la voracidad del mercado norteamericano reclama cada vez mayor
ahorro externo (suprimiendo su uso por otros destinos) el desequilibrio
externo se incrementará asumiendo que el inversionista no
pierda confianza en esa plaza.
Pero esa confianza puede estarse perdiendo. Por ejemplo, si la
creciente debilidad del dólar promueve la compra de monedas
más fuertes ello agudiza las brechas cambiarias entre el
euro, el yen y el dólar, y abrirá las puertas a la
especulación en un mercado que las economías mayores
no están ahora en capacidad de regular (la mayor parte de
ellas han quebrado la disciplina fiscal autoimpuesta hace pocos
años). Y los latinoamericanos ya conocemos la vulnerabilidad
a los shocks externos que la especulación monetaria genera.
De otro lado, el FED (el banco central norteamericano) no piensa
cruzarse de brazos. Luego del estímulo al crecimiento que
ha patrocinado asegurando intereses bajos en el largo plazo (especialmente
luego del quiebre de la burbuja bursátil del 2000 y de la
recesión del 2001), ahora estaría pensando en un proceso
gradual de ajuste que puede iniciarse con un alza de intereses esperada
por algunos hacia junio y por otros hacia fin de año. Esta
decisión, no anunciada explícitamente, ya ha comenzado
a golpear los bonos emitidos por los denominados mercados emergentes.
Si en ese escenario, el indispensable crecimiento proyectado puede
estar en cuestión, bueno será que adoptemos precauciones
colectivas (la acumulación de reservas no bastará)
en coordinación con los organismos multilaterales para asegurar
flujos de capital ahora menguados. Los ingresos por incremento de
precios de exportaciones no serán suficientes.
(ADC)
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